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Domingo, 7 de marzo de 2010 |
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Socializando pérdidas |
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Hace años, cuando a algún individuo se le quería tildar de metepatas, voceras e imán para el mal fario, se le atribuía la frase abre la boca y sube el pan, dando a entender que el otrora básico alimento se hacía más difícil de mercar una vez que el susodicho gafe había hablado. Del mismo origen es la sentencia un tonto jode un lugar, que atribuye al mal hacer del bobo pueblerino, la facultad de arrasar por donde pasa, no debido a su afán por hacer el mal, sino exclusivamente a la concatenación de despropósitos que el lelo, en su tontería diaria puede desencadenar. Casi siempre, o al menos en la mayoría de los casos, los dos ejemplos anteriores, y cuantos similares ustedes puedan aportar de su acervo personal, eran atribuidos a personas de ínfima entidad cultural, escaso cociente intelectual, extracción social baja y nulo sentido común, pues el refranero español y el rico bagaje de sentencias populares de la cultura hispana, tienden a la generalización de sus objetivos, sin pararse a las individualidades particulares de los mismos. Pero otro gallo canta ahora en el gallinero, un gallo que no por único puede ni debe pasar desapercibido de nuestra atención, pues aunque su ki-kiri-ki sea disforme y horroroso, nos afecta de singular manera a todas las gallinas del corral. Me explico. Cuando el tonto que jode el lugar se une en comunión con el gafe que hace subir el precio del pan, más aún, cuando los dos antedichos no son sendos gafes sino uno y éste uno desempeña un cargo de singular relevancia en la política de un país, imaginen ustedes los efectos apocalípticos que puede desatar sobre todo los estamentos de sus dominios. Ustedes me dirán que tal conjunción de casualidades y desgracias, aunque sea simplemente por la práctica imposibilidad de que sucedan estadísticamente, es algo de lo que debemos preocuparnos, y yo claro fiador de las leyes matemáticas, les daría la razón, si no fuese, como es el caso, de que la estadística no es sino tan solo la prima bastarda y puta de las matemáticas convencionales. Una pseudociencia que intenta demostrar que usted y yo nos hemos comido un pollo cada uno, cuando la realidad palpable es que el que se ha trincado los dos capones es un servidor, mientras que usted ha practicado el ayuno cuaresmal vigente. Como decía antes de caer en la divagación del párrafo anterior, la estadística que nos aseguraba que tal suceso era de mínimas posibilidades tendentes a cero, nos vuelve a dejar con el trasero al aire, pues hay uno que más que uno parece un huno, que emulando a Atila su monarca, por donde pasa su caballo permítanme el símil, aunque este sea más cercano al borrico no vuelve a crecer ni la hierba, ni tan siquiera un pequeño brote verde… Con la subida del IVA, no solo va a subir el pan, va a subir absolutamente todo y ya hay voces cabreadas que señalan que el efecto de la subida impositiva, retrasará aún más la reactivación económica debido al efecto negativo que sobre el consumo va a tener. El gobierno quiere recaudar más y en lugar de aumentar el número de contribuyentes, que sería lo lógico, lo que hace es que la presión impositiva sobre cada vez un menor número de ciudadanos sea mayor. Vamos que el IVA, con lo que tiene de impuesto social, carga sobre los lomos de los menos favorecidos las ansias despilfarradoras del inicuo gobierno que hemos de sufrir. Resulta realmente curioso que un gobierno que se dice socialista, liderado por el huno antes citado, se apresure a socializar las pérdidas, tanto de las entidades bancarias, como de las inmobiliarias y demás empresas ladrilleras, mientras se muestra como adalid de la privatización del beneficio. ¿Por qué hemos de pagar todos los abusos de unos pocos, pocos estos, que en los años de bonanza se han llenado los bolsillos a manos llenas, presumiblemente debido a su buen hacer empresarial? Pues por una simple razón, porque hemos puesto de jefe de gobierno al más tonto de lugar y está jodiendo un país en el que sube hasta el pan. |
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El Sicario |
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