Sábado, 23 de enero de 2010


Maniobras de distracción

Por si alguien aún no se ha enterado, hay crisis. Hay más de cuatro millones de individuos en paro, los préstamos hipotecarios ahogan poco a poco a los que tienen trabajo consumiendo la mayor parte de sus salarios en el pago de unos intereses bancarios a los que han de hacer frente cuando en un alarde de “ir sobraos” los suscribieron, y ven ahora lo que en tiempos de carestía cuesta devolver aquello para lo que no se estaba preparado económicamente. Los parados están cabreados, los hipotecados están mosqueados. La sociedad en general está insegura, expectante ante las consecuencias de la crisis que ya estamos viviendo, sin ver la luz al final del túnel. El gobierno en el punto de mira de todos, recibiendo palos de tirios y troyanos. Hay que hacer algo: desviar la atención.

El arte de la guerra nos enseña, que cuando tenemos mucho interés en conseguir un objetivo, es fundamental que el enemigo desconozca nuestros anhelos, pues consecuentemente, hará todo lo posible por desbaratar nuestros planes. De  este modo, cubriremos el objetivo real de nuestra batalla, con una serie de maniobras de distracción que engañen al enemigo sobre nuestro propósito principal, haciéndole creer, que los blancos secundarios atacados en primer lugar, son nuestra primera apuesta, y desviando por lo tanto el contrario sus recursos y atención hacia estos señuelos, para así libre de vigilancia y fuerzas de apoyo, nuestro objetivo principal, caigan con mayor facilidad ante nuestro primer ataque.

Esto no es nada nuevo, ya quinientos años antes de Jesucristo, Sun Tzu (孫子) plasmó estas ideas en El Arte de la Guerra (孫子兵法), y se ve que algún miembro del gobierno actual, con sentido común, aplica las enseñanzas del general chino veinticinco siglos después para propósitos diferentes a los inicialmente  pensador por el señor de la guerra.

Los controladores aéreos son los responsables de la crisis, pues sus elevados sueldos de hasta novecientos mi euros anuales, son los principales causantes de la actual crisis. No la especulación salvaje del ladrillo, no la burbuja inmobiliaria producida por el reparto del pastel de la construcción, del cual tanto políticos como empresarios corruptos han sabido alimentarse durante los últimos años no son los responsables, ni la falta de previsión del gobierno durante los tiempos de bonanza para desarrollar e impulsar una economía diversificada, competitiva y moderna fomentando de manera clara la investigación, no, los responsables de la crisis son los controladores aéreos, que deben ser unos dos millones en total para causar una depresión económica de esta magnitud.

Es cierto que los controladores ganan una pasta, pero ¿por qué desde el gobierno se obvian ciertas profesiones mucho menos cualificadas y que reportan unos ingresos mucho más sustanciosos que los de los controladores que, queramos o no son cuatro gatos? No se habla de toreros ni futbolistas ni presentadores televisivos estrella que ganan cincuenta veces más que el más esforzado de los señores esos que juegan con avioncitos y tiras de papel para dar preferencia en el aterrizaje a un avión u otro.

A veces las distracciones vienen no desde el gobierno, sino que el propio cielo –o en este caso más bien el infierno–, contribuyen a disipar la atención del contribuyente por medio de catástrofes naturales, léase el temblor haitiano, ya que comparativamente la situación de los parados patrios es infinitamente mejor que las de los haitianos muertos. Y sin llegar a esos extremos, también infinitamente mejor que la del país antillano, con tasas de paro anteriores al terremoto superiores al sesenta por ciento. De este modo, el parado español, rasca su maltrecho bolsillo, da gracias a Dios, y dona diez euros para los pobres negritos desposeídos, agradecido por ser un parado en el primer mundo y no un miserable en el tercero.

El gobierno mientras tanto, manda tres o cuatro avioncitos, controlados por esos controladores que controlan y ganan tanto, y lava su conciencia con unos miserables millones de dólares, cuando debería centuplicar las ayudas, en contrapartida por el servicio distractivo que el desastre de los isleños les ha proporcionado, pero no, sigue empecinado en querer sacarnos de la crisis, machacando sobre el keynesiano error de “en tiempos de crisis, aumentar el gasto en obra pública, hasta la innecesaria” error que solo beneficia a los inquilinos de las casas cuartel de la benemérita remodeladas, y a los comisionistas de las obras, que como cucarachas tras la hecatombe atómica serán los únicos supervivientes de ésta y de cualquiera de las crisis venideras.Y la foto... es tan solo una maniobra de distracción.

El Sicario

sicario@elsabado.es