Sábado, 27 de febrero de 2010

Sobre el artículo "Efectos Secundarios"

La Central Nuclear de Garoña fue inaugurada por Franco en 1971, llevando, por tanto, 38 años construida, lo que la convierte en la Central en activo más antigua del Estado. Parece que el debate se ha centrado en la seguridad de la central. Los propietarios de la Central: Nuclenor (50% Endesa y 50% Iberdrola), afirman que es fiable, competitiva, que crea empleo, respeta el medio ambiente, está socialmente comprometida y construye futuro. Los que están en contra la acusan de contaminante, de los peligros reales de radiactividad (sobre el suelo y las personas), de las enfermedades que implica, de los residuos nucleares que quedan durante años y años, de estar obsoleta, de su prescindible aportación energética, de las “mil y una grietas” que tiene, convirtiéndola en grave amenaza; de múltiples deficiencias y averías que ha tenido, como en este verano que han sido registradas unas 10 incidencias y ha habido un incendio en ella.

Todos son muy vehementes defendiendo sus posiciones pero creo que el verdadero problema es el dinero. Nuclenor tiene una fábrica en sus manos totalmente amortizada que, a día de hoy, da una riada de beneficios. Dicen que la energía nuclear es barata, y tanto que lo pregunten en Chernobyl, sobre todo ya que si hay un accidente serio, sería responsabilidad del estado hacer frente a todos los gastos. Se nos olvida recordar que si una Central Nuclear fuera tan fiable como dicen sus responsables, estaría asegurada; como el coche de cualquier particular. Pero no, no están aseguradas ya que ninguna compañía del sector seguros quiere hacerse cargo y en caso de catástrofe serían las arcas del Estado las que deberían de hacer frente a los gastos. Normal que los propietarios de Garoña digan que la energía nuclear es barata. Si hubiera una necesidad vital de la energía que genera, lo más razonable sería cerrar este montón de chatarra y construir una al lado. De eso nada, ya que se acabarían los fastuosos beneficios y habría que invertir un pastizal en la nueva central. O sea, que el negocio consiste en facturar a costa que no ocurra ningún accidente que cierre el grifo del dinero.

P.B.