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Sábado, 6 de febrero de 2010 |
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Efectos radioactivos |
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Nada es veneno. Todo es veneno. Es una cuestión de dosis. Si a una persona le hacemos ingerir mil litros de agua en un día, seguramente morirá antes de llegar a la mitad del kilolitro, por el contrario, si utilizamos un potente elemento tóxico como el arsénico en pequeñas cantidades, puede producir efectos beneficiosos sobre la salud, contribuyendo a la cura de determinadas dolencias cardíacas. Una copa de vino nos tonifica, un barril nos emborracha y alela. La radioactividad no es distinta. Es algo natural con lo que convivimos diariamente y de la cantidad que recibamos, depende que sea nociva para la salud o que tenga un carácter inocuo o beneficioso para ésta. Estos días, vemos con estupor cómo las luchas políticas intestinas se ceban sobre los pequeños pueblos que han presentado su candidatura para ser sedes del cementerio nuclear que pretende construir Enresa para almacenar de forma segura los desechos que la generación energética nuclear y otro tipo de residuos radioactivos. El fantasma de Hiroshima es alargado y su sombra aún planea sobre el subconsciente colectivo de una sociedad temerosa y desinformada. ¿Quién se acuerda de Harrisburg teniendo tan cercano el desastre de Chernóbil? Se estima que la radiación liberada por la central ucraniana, fue unas quinientas veces superior a la emitida por la primera bomba atómica sobre la tristemente famosa ciudad de Japón. Recordemos que la en la central eléctrica nuclear memorial V.I. Lenin, se produjo por falta de mantenimiento y debido a una desastrosa gestión una explosión de hidrógeno que dejó el material radioactivo expuesto a la atmósfera la central, carecía de edificio de contención, entre otras muchas deficiencias de seguridad 31 personas murieron en la explosión y aunque nunca hubo datos oficiales, se barajan cifras de más de seiscientos mil afectados por fuertes dosis de radiación y de cuatro mil muertos a causa de los efectos nocivos de ésta. La radiación a altas dosis es un veneno, la energía eléctrica no es gratis y cuando la generación de la misma es por fisión nuclear, hay que extremar las medidas de seguridad, para que episodios como el de Chernóbil sean sucesos aislados de economías en retroceso que no dotan a sus productoras energéticas de las mínimas salvaguardas para evitar accidentes. Vista ya la parte negativa del tema, pasemos no a la positiva, sino a desgranar alguno de los aspectos que de negativo y positivo pueden tener los depósitos de residuos Almacén Temporal Centralizado, que diría Pande y su Google, que lo de cementerio queda algo tétrico. Lo dicho, los almacenes tienes de nocivo la radiación que puedan emitir, que debidamente gestionados, deber ser prácticamente inocua en el perímetro de seguridad de las instalaciones, y de bueno, el dinero que para el municipio adjudicatario, ya sea en puestos de trabajo directos e indirectos, infraestructuras y demás zarandajas conlleva una construcción de este calibre. Algún espabilado pueblerino podrá argumentar que por qué en lugar de edificar el depósito de residuos al lado de su pueblo, no lo instalan en Madrid o en otra localidad con más población y mejor comunicada; la respuesta es sencilla y clara, como toda la matemática. Veamos un almacén de residuos genera una cantidad de puestos de trabajo y de ingresos fija con independencia del municipio en el que se asiente. Si el municipio sobre el que ha de construirse es muy grande, el beneficio per cápita dejado a los habitantes del pueblo, no merece el riesgo de una posible fuga y contaminación. Si en un pueblo de Soria con 300 habitantes el depósito da trabajo a 100 lugareños de forma directa y a otros 100 de manera indirecta, y digamos que repercute con una suma de 20.000 euros por habitante y año, en un municipio de 100.000 habitantes, generaría los mismos puestos de trabajo y el ingreso por habitante se vería reducido a poco más de 60 euros anuales, con lo que queda demostrado que el interés no puede ser el mismo en un municipio grande que en uno pequeño. Además el pueblerino cabreado, nótese, es del pueblo de al lado, que comparte el riesgo pero en menor medida el beneficio. Algún ecologista de telediario, podrá argumentar que nucleares no, gracias y que no se construyan depósitos ni en Cascarrasquillo de Abajo ni en Barcelona que no habiendo nucleares, no hay residuos. Y lo peor del caso es que no lo dirá por ignorancia, sino por demagogia, que no emite radiaciones, pero es casi más nociva que Chernóbil y de seguro mata más gente que la central citada. Vamos a ver, contemos, con los cientos de millones de metros cúbicos de monóxido de carbono que se emiten a la atmósfera diariamente en todo el mundo con la quema de carbón, petróleo y otros combustibles fósiles ¿Cuántos habitantes del planeta azul mueren por los efectos venenosos del CO? Huy! de esto hay menos datos aún que de los muertos reales de Chernóbil, pero podemos hacer estimaciones no alejadas de la realidad que harían saltar con facilidad la barrera de los dos millones de muertos al año. ¿Acaso un muerto por los efectos nocivos de la radiación está más muerto que uno que ha fallecido a consecuencia de un envenenamiento continuado por la mala calidad del aire atmosférico? Renunciemos pues, si todos estamos de acuerdo en los nocivos efectos de las radiaciones y la contaminación a la utilización de la energía, volvamos a la edad media, alumbrémonos con velas y cuando vayamos al hospital, en lugar de diagnosticarnos mediante una radiografía con contraste de isótopos radioactivos que nos hagan una sangría con una muy naturales sanguijuelas y esperemos mejorar. Que en lugar de tratar las semillas con radiación para hacerlas más resistente a las plagas, nutrámonos de los productos naturales de la tierra sin herbicidas, ni conservantes ni colorantes, eso sí, con plagas insectos y otros animalejos muy ecológico, pero nada productivos. Los teléfonos móviles mejor no hablar de ellos, que las antenas producen radiación nociva, hagamos un cursillo acelerado de tam-tam y para vestirnos usemos una hoja de parra como el padre Adán. El avance tecnológico tiene un precio, y unas ventajas. Nosotros queremos obtener las ventajas, pero sin tener que pagar precio alguno y eso, es materialmente imposible, demagógico y peligroso quien así lo pretenda, así que si se ha de construir el almacén, que se haga, que se haga de forma segura minimizando los riesgos, que como todos sabemos nunca han de ser inexistentes, pero con las medidas adecuadas si pueden ser moderados y siempre un mal menor comparado con el bienestar que la contrapartida nos reporta. Así las cosas, esta semana no va a haber un gilipollas, serán legión, todos los politiquillos, que más que preocuparse por los perjuicios de la radiación sobre la salud de los ciudadanos, lo hacen sobre los efectos que puedan tener sobre la intención de voto. Y los llamados ecologistas, para que se den cuenta de una vez y por siempre que el único ecologista verdadero fue Tarzán. |
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El Sicario |
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