sábado, 12 de diciembre de 2009


Tigre de madera, tigre de papel

En Estados Unidos, si eres rico y famoso no puedes meterla en entrepierna ajena sin exponerte a que económica, política y mediáticamente, prendan fuego a tu alma los nuevos y puritanos miembros del revivido Klan –Ku-kux para los amigos–, herederos del puritanismo del Mayflower, que dicho sea de paso, debían ser un pelín calvestris viajando como peregrinos en un barco bautizado como Flor de Mayo.

La sociedad americana, que se muestra particularmente permisiva si un señor de Boston descerraja un tiro en el occipital de un vecino de Maryland, excusándolo porque el habitante de la tierra de María le había pisoteado los geranios con su Hummer reluciente, son tremendamente intransigentes, si lo que ocurre es que ese mismo señor, obnubilado por la belleza de la parienta del otro individuo, rompe el sexto mandamiento y se beneficia a la citada prójima en una o reiteradas ocasiones. Y es que los crímenes de bragueta, parecen tener, al menos socialmente una mayor condena que los sangrientos.

Tiger Woods, ese golfista de color –de color negro– se ha visto esta semana perseguido por su santa esposa, que enterada de la cornamenta que el golfo del golfista le había enjaretado, no tuvo otra reacción que perseguirlo putter en mano por toda la casa intentado hacer un hoyo en uno en la cabeza de su adúltero marido. El tigre, acosado así por la escandinava belleza de su esposa que debía estas poseída por todas las furias del dios Odín, huyó como pudo y en su alocada huida, chocó su vehículo contra un árbol y aquí es donde la historia pasó de ser un asunto doméstico a convertirse en circo mediático.

El accidente en sí, fue cuestión tan solo de chapa y pintura, pero eso para la parte mecánica del asunto, pues para el golfo y la cornuda, empezaba un desfile mediático, que acabó, de momento ayer, con la noticia de que el golfista abandona su carrera, abrumado tanto por la culpa como por la huida de patrocinadores que afean la conducta de Tiger, rescindiendo los contratos supermillonarios que con él mantenían, argumentando que no se puede consentir que tan díscolo y pichabrava personajillo sea abanderado e imagen de la marca que representan.

Y empiezan a surgir como setas tras días de llovizna las pelanduscas que cobrando en especie o en metálico aseguran que ellas se acostaron con el tigre, las primera ignorantes de su matrimonio, las segundas solo por la pasta, más sincera estas últimas, qué duda cabe. Pues que nadie se engañe, si el golfo golfista en lugar de ser un as del wedge, hubiera sido estibador en un puerto controlado por la mafia, su santa esposa rubia, blanca y modelo no se hubiese fijado en su sonrisa ni siquiera para escupirle en el rostro, pero al ser rico, la belleza del tigre se acrecentó y la rubia calló rendida en sus brazos.

¡No entiendo de qué se extraña la gente! Woods es el mejor del mundo metiéndola en 18 agujeros por jornada, con el mínimo de golpes posibles, y se extrañan de que fuera de su trabajo, el tío se haga unos cuantos hoyos más… será para mantenerse en forma.

¡Ah! Y para aquellos que piensen que haber pagado 60.000,00$ a una prostituta por sus servicios, que hagan la cuenta de a cuento le va a salir el polvo en el acuerdo de divorcio con su santa esposa, y verán que la ramera tiene unos precios extremadamente módicos comparada con la heredera de las valkirias, como dice mi amigo Paco: “Sicario, yo solo voy con putas, que las mujeres honradas salen demasiado caras”

¿Imaginan ustedes que un deportista de élite español es sorprendido en el tálamo matrimonial con una guarrilla de buen ver después de haber consumado un flagrante y esperamos que gratificante adulterio es sometido por la opinión pública al escarnio vil de la prensa mediática? Pues si esto sucediere, cosa que dudo, sería más un acto de envidia, aplaudida con una pícara sonrisa por todos, que una grave afrenta puritana, y es que no nos engañemos, aquí los pecados de entrepierna nos mueven tan solo a la insana envidia, pero alabándole el gusto y la oportunidad al adúltero golfo, sea golfista o no.

Así que, visto lo antedicho, leído y entendido, postulamos esta semana como gilipollas de la misma, a Barack Obama, por novel, por nobel y porque me da la gana, en representación de sus compatriotas flores de mayo. Quepa, quepa, quepa, quepassssssaaa.

El Sicario

sicario@elsabado.es