Sábado, 21 de noviembre de 2009


Corsarios negros, ingleses y otras ratas de mar.

Liberados ya los pescadores del atunero Alakrana y pasada pues la angustia y los desvelos de sus familias por el desenlace de la situación, toca hacer balance de la actuación de los diferentes estamentos judiciales, políticos, militares y pescaderos implicados en el asunto. Una vez entregado el rescate a los piratas, dinero que debe provenir de alguna ONG ignota –aduaneros sin fronteras u otra de similares características–, pues nadie quiere ser ahora responsable ni dueño de los euros que tan alegremente se están gastando los abisinios en coches de lujo, bodas, juergas y mujerío, toca pasar página, pero abundando en la jerga marinera a colación de lo antedicho, que cada palo aguante su vela.

Los jueces dicen que los políticos son los que han de comerse el marrón, y los políticos tienen dos versiones, dependiendo de si quien habla es gobierno u oposición, los militares mientras tanto, marinos en este caso, dicen poco porque no pueden decir mucho, pero sotto voce, se cagan en los mandatarios que los han hecho quedar como el culo. Y los pescaderos, que no pescadores, silban el Asturias Patria Querida, mientras ondea la rojigualda nueva en la popa del pesquero con la ikurriña sucia camino del tiente, de momento, por aquello de las apariencias.

Los jueces atribuyen la mayoría de edad del piratilla enano, con una radiografía equivocada, la de la momia de Tutankamón y claro, les sale una edad de más de cinco mil años, por lo que certifican sin ningún género de dudas la mayoría de edad del corsario negro. El Gobierno se felicita por lo bien resuelta la situación, incluido el ametrallamiento de las barquichuelas piratiles, mientras la oposición, se cabrea por la mala imagen internacional que ofrece España, puesta de rodilla y a merced de cuatro analfabetos del cuerno de África.

Y cuando parece que la cosa está calmada, van los marineritos de la Royal Navy británicos ellos, todos hijos de la Gran Bretaña, y se ponen a hacer prácticas de tiro con una boya con los colores de la bandera de España… en aguas territoriales españolas y a la vista de la Guardia Civil.

Todos sabemos que los ingleses siempre se han pasado el Tratado de Utrech por el forro de los mismísimos, pero es que el descaro de estos últimos días es rayano en el establecimiento de serias hostilidades. ¿Imaginan ustedes a la Fragata Blas de Lezo en la desembocadura del Támesis, haciendo puntería sobre un blanco pintado con los colores de la Union Jack? Ciertamente es imaginable, pero si esto ocurriese, seguidamente veríamos a varios buques de la armada inglesa ejercitando el tiro sobre la fragata española con la aviesa intención de echarla a pique.

Y es que las afrentas sobre la bandera de un país, no son moco de pavo, por cuestiones como estas se han librado escaramuzas con algo más que palabras en las bocas de los cañones. Ciertamente, el embajador británico en Madrid se ha apresurado a pedir formalmente excusas por la actitud notoriamente reprochable de “un grupo de incontrolados” que no representan el sentir del amistoso y aliado pueblo británico… pero no se depuran responsabilidades, lo que equivale a decir “lo siento mucho, pero te jodes Herodes… con la chupa de cuadros y de colores”.

Para terminar una consideración postrera, esos tubos huecos que tienen los barcos, esas sofisticadas máquinas de guerra, pueden disparar. Sí, son armas con la posibilidad de mandar desde grandes distancias a un barquichuelo a pique, pues sus misiles inteligentes, tienen sistemas de guía con la capacidad quirúrjica nanométrica suficiente para amputar el testículo izquierdo a un mosquito trompetero. Es bien cierto que cada disparo sale por un ojo de la cara, pero seguramente mucho más barato que los que ha costado el episodio del Alakrana… y no me estoy refiriendo precisamente a la pasta del rescate.

El Sicario

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