Sábado, 21 de noviembre de 2009


12.000

¿Por qué 12.000? ¿Tan importante es este nivel para algo? Pues no, simplemente nos gustan números redondos, además, sería un buen titular en toda la prensa salmón. “Ibex conquista los 12.000 puntos”, “Los expertos aseguran que lo peor ya ha pasado y el Ibex perfora 12.000”, “La bolsa española se ve fuerte”, “Ibex35 invita a ir de compras”, y ya me he cansado de inventar los titulares. Pero ¿apostamos algo?, cualquiera de ellos saldrá en el momento en el que Ibex perfore y se afiance por encima de los 12.000. Como si no tuvieran nada más que decir, los periodistas económico financieros compiten entre ellos a ver quién suelta el topicazo más grande y más sonoro.

La cultura de los tópicos es una cultura muy curiosa. Sirve para adjudicar nombres nuevos con significados antiguos a procesos que ya tenían su propio nombre, pero cuyo nombre ahora no significa nada. De este modo, el proceso o el evento pierde su antiguo significado, y obtiene uno nuevo que… no significa absolutamente nada, y por tanto el proceso o el evento deja de existir. Algo que pasa delante de nuestras propias narices simplemente no existe, y por tanto, no lo vemos, no podemos hablar de ello, porque no tenemos palabras con que denominarlo. Y de este modo, miramos en dirección contraria, buscando explicaciones a algo tan obvio que no podemos ni definir, y solo luego, cuando nos damos con un canto en los dientes, a toro pasado, se nos ocurre que… ¡mierda! si estaba clarísimo.

Es un método que se emplea ampliamente en la política, a la hora de formar opinión pública acerca las medidas que se sabe de antemano no van a ser del agrado de la población. Se les asigna otro nombre y otra definición, entonces la población lo comprende y está de acuerdo. Este método, también se utiliza ampliamente en el mundo financiero, cara al público, en general, y en la bolsa en particular. La bolsa tiene una característica peculiar, que diferencia este mercado de los demás mercados financieros, y es que está plagada por el público de a pie. Inversores que no quieren aprender ni las reglas del juego al que están jugando. Y a las grandes fuerzas que mueven las piezas en este juego (sobre todo, bancos), les interesa que sea así. El conocimiento es el poder, y el pequeño inversor no solamente no quiere aprender, sino ridiculiza este conocimiento, es un ser arrogante y seguro de sí mismo. Normalmente, toda su operativa se basa en “los soplos” y en su “intuición”. Los hay con “experiencia”, que se jactan de los años que han pasado en la bolsa, utilizando esta “experiencia” como su único argumento a la hora de dar consejos. Pero todos ellos, sin excepción, están sutilmente guiados a través de este maremoto llamado bolsa, siguiendo a una única opinión que, a la hora de asimilarla, parece no solo una opinión sino muchas entre las que puedes elegir la tuya y siempre será la opinión rebelde, la excepcional, la tuya y de nadie más.

La formación de la opinión pública, entre la que también se encuentra vuestra opinión rebelde, es un proceso muy importante para las grandes coaliciones financieras, al servicio de los cuales están los medios de comunicación, la prensa, la televisión y un sinfín de blogs y páginas web. Se suelta una frase pegadiza, y mañana mismo todos están repitiendo esta frase, creyéndose ser los autores y por tanto creyendo en esta idea como si fuera propia.

Así que Ibex se está enfrentando a los 12.000 puntos. Vamos a refrescarnos la memoria y veamos el gráfico de nuestro selectivo a largo plazo, para situarnos más que otra cosa.

Las burbujas son buenas, muy buenas, porque se gana mucho dinero, mientras duran. Las burbujas son muy malas porque se pinchan, siempre, y las consecuencias son nefastas tanto para nuestro bolsillo, como para nuestro empleo. Los políticos y los banqueros no quieren evitar burbujas, al revés, las potencian. Cuando las burbujas se pinchan, los políticos desaparecen, con las arcas repletas de pasta, y los banqueros tienen a su prestamista de último recurso que siempre les ayudará. Y vuelta a empezar.

La historia es muy simple, mientras hay dinero todo sube. Y cuando el dinero desaparece todo baja. El mecanismo sería más complejo si dicho dinero proviniese de las actividades económicas. Pero entonces, la subida tendría su tope, nada podría subir más del dinero que esté disponible en el mercado. Y dado que el dinero no se crea de la nada, no habría burbujas. Subirían las empresas más eficientes, y las deficientes simplemente desaparecerían. Las empresas eficientes también bajarían porque aparecerían nuevos competidores más eficientes aún, y serían los que subirían.

Pero no. El dinero precisamente se crea de la nada, y cuando se inyecta en el sistema, alguien es el primero en recibirlo. Y este alguien es el primero en enriquecerse. Le sobra dinero, tiene que meterlo en algún sitio, y por tanto los mercados empiezan a subir. Luego siguen subiendo y siguen subiendo conforme entra más dinero en el sistema. Sube absolutamente todo. Cuando el dinero se acaba, es decir el banco central decide que es la hora de drenar la liquidez, todo baja. Pero aquel primero que recibió fondos antes que nadie, ya habrá vendido. No debemos olvidar que no solamente el banco central tiene potestad de crear el dinero, también lo puede crear la banca comercial, debido a su sistema fraccional de reservas. Cuantas más sucursales se abren, más dinero hay en circulación. Cuando las sucursales se cierran, el dinero desaparece. Y tampoco debemos olvidar que no solamente la banca, sea central o sea comercial, puede crear el dinero de la nada. Lo puede hacer cualquier empresa, sea del sector financiero o sea del sector corporativo, inflando la valoración de sus activos. Cuando más vale el activo, más dinero tiene la empresa, por tanto más dinero hay en el sistema. Y sobre este activo se basa la deuda, cuando más deuda hay, más dinero hay en el sistema. Cuando el activo cae, la deuda queda invariable, pero la relación activo-deuda ya no es la misma, por tanto, la empresa quiebra. Y así pasamos de una economía boyante, donde hay mares y océanos de liquidez (dinero) a una crisis que nadie comprende y que dicen que es debida a la falta de liquidez (dinero).

El problema está en que el dinero es virtual. Y así será siempre mientras no hay algún respaldo a este dinero. Y no hablo del patrón oro que es fácilmente manipulable. ¿Qué respaldo entonces puede tener nuestro dinero? ¿Las toneladas del oro almacenadas en las mazmorras del Banco Central Europeo? No tiene sentido, el oro es muy bonito, el mundo paga muy caro por el oro, pero a la hora de la verdad ¿para qué sirve el oro? Para nada. ¿El PIB nacional? ¿Calculado en el mismo dinero virtual? Tampoco tiene mucho sentido, dado que no podemos sumar toneladas de acero y toneladas de leche o grano, si no lo expresamos en una unidad monetaria. Ah sí. ¡Eureka! Podemos respaldar nuestro dinero con el ladrillo, que fue lo que precisamente pasó en España y en el resto del mundo.

Y así Ibex tuvo dos grandes burbujas, sus nombres ya los conocemos todos. Lo más curioso es que la primera burbuja apenas se corrigió cuando el selectivo ya entraba en la segunda. La corrección de la segunda fue más brusca, con caídas verticales diarias. El Ibex llegó a formar una nueva directriz alcista, es un truco muy utilizado por los fuertes de este mundo (¿adivinad quién? Bingo, los bancos) para frenar la sangría. O quizá fue el destino, porque la nueva directriz quedó perfectamente paralela al techo del canal ascendente, marcando a la perfección las dos burbujas de nuestra gloriosa bolsa.

Ahora mismo, el Ibex está intentando entrar en una nueva burbuja, pero de momento no lo ha conseguido (marcado con un rectángulo verde), cuando Trichet ya sale con las declaraciones que va a cesar los préstamos a la banca a más de 12 meses y subir los tipo de interés, añadiendo ¡jódete, España!

Aquí tenemos el último tramo de la subida del Ibex que empezó en marzo de este año. ¡Y qué tramo más glorioso! Nuestros creadores de la opinión pública ya han soltado, sutilmente, eso de la recuperación en V. Aún dicen que la recuperación será lenta y problemática, para no demostrar demasiado que están mintiendo, pero el público les cree. Que así sea, una recuperación en V.

¿Pero qué pasa con el volumen? El volumen no es un concepto abstracto que utilizamos los freakies para escribir pseudosesudos análisis de bolsa que luego serán reproducidos por decenas de blogs. El volumen es la cantidad de títulos comprados y vendidos en un cierto período de tiempo. Dado que nuestro gráfico es diario, pues el volumen es la cantidad de las acciones negociadas durante un día.

Lo que vemos es que el Ibex está subiendo, pero cada vez se compran y se venden menos y menos acciones, es decir el volumen desciende. Me diréis que como nadie vende, no hay compradores, por tanto el volumen se reduce.  Y yo os diré que si los compradores estuvieran interesados en comprar, ofrecerían mayores precios. Pero el que no haya demanda ni siquiera a estos precios, es algo que nos debería preocupar.

El indicador rojo, arriba del todo, es el OBV, indicador que toma en consideración los títulos comprados y los títulos vendidos. Y ya aparte de que el volumen ha sido descendiente a lo largo del último tramo alcista, el OBV acaba de mostrar dos máximos descendientes. Es decir, ha formado una divergencia bajista con el Ibex, cuyos máximos siguen siendo ligeramente ascendentes. Y esto no es todo.

EL histograma de arriba es oscilador de Chaikin que no está basado en la cotización del Ibex sino en su ADI, que actualmente está perfectamente alcista (no está reflejado en el gráfico). Pero el oscilador de Chaikin, a lo largo de todo el tramo de la recuperación en V, ha mostrado una grave divergencia bajista, indicando que las entradas de dinero en el selectivo son pocas y cobardes. Pero suficientes, en sus apuestas, como para lanzar el Ibex hacia 12.000. Debe ser que alguien estaba muy interesado.

Me diréis ¿y a nosotros qué? ¿qué más nos da si es manipulación o no, mientras sube, ganamos dinero? No, no, si yo no digo nada. Por mi perfecto. Es, digamos, una curiosidad científica. Siempre es bueno saber dónde metes tu dinero. Los avispados especuladores lo sabrán, o quizá no. Y luego vendrá el llanto, cuando todo baje, que la bolsa está manipulada y que los malditos bastardos, digo bajistas, nos están haciendo la vida imposible.

Y ahora respondamos una pregunta. ¿Qué es el Ibex35? El Ibex35 es Telefónica y Santander (cuando gane el PP será Telefónica y BBVA) y para de contar. Así que sería interesante echar un vistazo a la evolución de estas dos grandiosas empresas.

En este gráfico histórico vemos que la situación de Telefónica es muy parecida a la del Ibex, con la excepción de que el canal ascendente es ligeramente expansivo. También existe otra excepción. Telefónica no había sufrido ningún castigo por su tremenda burbuja de 2000. Tan solo ha vuelto al techo del canal ascendente, pero no ha llegado a la directriz alcista. Es decir, la burbuja no se había deshecho. La empresa siguió burbujeando.

Sin haber corregido la primera burbuja, Telefónica actualmente ya está en la siguiente. ¿Eso es bueno o malo? Buenísimo para los actuales accionistas, para los políticos, para el gobierno, para los bancos, para los fondos de inversión, para las aseguradoras e incluso para los bonistas especuladores, para los únicos para los que no es tan bueno es para los bonistas inversores que cobran su cupón y no hacen nada más. Y muy malo para lo que comerán toda la bajada de Telefónica porque estas cosas se pagan muy caras. Telefónica no solamente tendrá que corregir la burbuja actual, sino la anterior también. Sí, sí, parece un chiste, que ya os oigo a todos reíros a carcajadas. Pero no será tan gracioso cuando suceda, sobre todo, porque nadie se lo cree.

Y sucederá más pronto que tarde. En el tramo que empezó en agosto está acompañado de un ADI (el primer indicador en nuestro gráfico) haciendo máximos crecientes. Hasta aquí todo bien. Lo malo es que el último máximo ya no ha logrado superar al anterior, formando una divergencia negativa con los precios de Telefónica a corto plazo.

Asimismo, el oscilador de Chaikin, del mismo tramo de agosto que fue cuando los precios escalaron por encima de su techo alcista, ha entrado en una grave divergencia negativa con la cotización de Telefónica. De momento, puede tratarse de una leve corrección a corto plazo. Pero hubo muchos valores que se negaban a caer, ni siquiera durante la reciente crisis, que finalmente han llamado la atención de la banca que puso manos a la obra y depreció estos valores. Telefónica es un valor privilegiado, la banca no se va a ensañar con esta empresa, de ahí es el sentimiento de total y absoluta impunidad alcista. ¿Que Telefónica es una empresa eficiente y sus fundamentales son sólidos? Hubo muchas empresas eficientes y con sólidos fundamentales que sufrieron un ataque de los bancos sin igual por el mero hecho de que todo el mercado había bajado y estas empresas no, pero, claro, no eran Telefónica. Sin embargo, si una empresa, por muy sólida que fuera, sigue estando en una burbuja tras otra, significa que algo no va muy bien. Ya por definición está cara, dado que las burbujas son lo que son, valoración por encima de su potencial.

En cuanto a Santander, su situación es mucho más interesante. San Botín es nuestra Santa Economía, el misterio de la Santa Trinidad: San Botín, Santa Telefónica y San Ibex. Si no existiera San Botín, habría que inventarlo, pero, de momento, es nuestro salvador.

Desde abril de este año, el volumen de Santander es descendiente. Hay muy pocos compradores que quieren apostar por precios cada vez más altos. Tampoco hay presión vendedora, es cierto. Pero el problema actualmente no es éste. El problema de Santander, de Telefónica y del Ibex en general, es que los pocos de compran estos activos lo hacen con la clara intención de subir los precios.

El oscilador de Chaikin está cayendo, indicándonos que cada vez hay menos dinero que entra en el valor. Y así tenemos dos divergencias bajistas, una con el oscilador de Chaikin, que no es tan obvio a los ojos de los especuladores, y otra con el volumen que ésta sí es obvia.

Pero ahí no acaba la cosa. El ingenio de Su Majestad, Don Emilio Botín, va más allá que una simple debilidad de la demanda. Los precios de Santander han desarrollado dos directrices alcistas. Cuando un valor pierde gas, no debido a la presión vendedora, sino debido precisamente a la falta de la demanda, el “cuidador” puede formar una nueva directriz alcista más reclinada que la primera. El valor sigue siendo alcista y es más, invita a comprar pues parece barato. Pero no, estas dos formaciones es una señal inequívoca de futuras caídas.

Hay otra señal negativa en el gráfico de Santander. Si lo miramos con lupa (marcado con un círculo amarillo), veremos que la cotización ya está por debajo de su segunda directriz alcista, y el volumen sigue reduciéndose. Como Don Botín no dé dinero a la gente para que compren sus acciones (la crisis actual dicen que ha sido crisis de la demanda, y están dando dinero a todo dios para potenciar el consumo, pues propongo que hagan lo mismo con la bolsa -aunque yo no he visto ni un duro de este dinero que dicen que dan por ahí-), me temo que su futuro va a ser más que sombrío.

Con lo cual, hemos visto que dos componentes más importantes del Ibex (el resto está para rellenar la cifra hasta 35) están saltando a pata coja a ver quién salta más, sin que hubiera realmente demanda que apostara por los precios más altos. Nadie compra estos dos valores, pero, de momento, tampoco nadie los vende. (Cuando hablo de nadie los vende ni nadie los compre, me refiero a demandar y ofertar precios cada vez más altos, no que se recoja lo que salga al mercado, dado que cada acción vendida es una acción comprada. No creo que tenga que explicar la ley de la oferta y la demanda aquí.)

Lo que estamos viendo en realidad es una recuperación en V virtual, algo que casi existe pero no llega a ser real. Como las valoraciones que se han manejado hasta que estalló la crisis. Se ha inyectado mucho dinero en el sistema circulatorio, y este dinero ha de ir a algo que proporcione beneficio inmediato. No podemos arriesgarnos y meter este dinero en inversiones a largo plazo, inversiones en proyectos, en empresas, en crédito. Debemos aprovecharnos del momento, aquí y ahora, porque la liquidez será drenada con la misma rapidez con la que fue inyectada en su momento. Y esto es lo que pasa. No hay trampa de liquidez, que pregonaron muchos economistas. La liquidez entró con el fin de rescatar a la banca, se utilizó para especular y saldrá a la misma velocidad. Y así, pronto tendremos una nueva burbuja. ¿No debemos inyectar la liquidez para salvar el sistema bancario? Pues a todas luces, se ve que no. Dado que los bancos no la utilizan para “salvar” el sistema económico, sino para ganar el dinero lo más rápido posible y esto se consigue única y exclusivamente con especulación. Así de fácil. Con lo cual, suerte en la próxima crisis, que ya está llamando a nuestras puertas, señores político banqueros.

Naranco

naranco@elsabado.es