Sábado, 19 de julio de 2008


La Paradoja de Casandra

Casandra era una bella sacerdotisa que predijo la caída de Troya. La historia fue más o menos la siguiente. Apolo suspiraba por sus encantos y pactó con ella el precio a pagar por un polvo divino. Si accedía a acostarse con él, podría predecir el futuro. Con lo que no contaba el Dios Apolo es que tras la noche de sexo y desenfreno, ella pasaría de él. El alma de la humanidad es voluble. Así que cuando Casandra fue contando a sus amigas sus tretas de mujer, Apolo se pilló un rebote del 15. Evidentemente, quiso deshacer el trato, pero su padre, Zeus, no podía consentir tal incumplimiento contractual que hubiera significado poner en grave riesgo la existencia misma del Régimen Olímpico. Era consciente que la pícara Casandra había vulnerado el espíritu del contrato, de forma que admitiría de Apolo un castigo ejemplar acorde a la afrenta. Tras una ducha bien fría, Apolo halló la solución: la sacerdotisa humana seguiría gozando hasta su muerte del poder de ver el futuro, pero nunca jamás nadie creería sus palabras. Y fue así como nada se pudo hacer para evitar el fin de Troya.

La paradoja de Casandra encierra varias lecturas. Depende del observador que analicemos la impotencia y la desesperación culpable de la bella adolescente, que entendamos la incredulidad general y la mofa interesada de los pastores de la Opinión Pública, o incluso que disfrutemos con la lógica ejemplar del castigo divino. Los humanos envidiamos a los dioses su poder por pura ignorancia, y los dioses envidian nuestras limitaciones. ¿Hay un horror más absoluto que descubrir, con conocimiento de causa, que nadie es responsable de nada? Es mucho más sencillo conocer y predecir el futuro que el presente. De hecho, es imposible. El presente es un atrezzo que nada tiene que ver con la realidad. Se podría glosar como Hamlet, el príncipe de Dinamarca, que es un decorado pintado a mano por un orate, pero ¿para qué? La definición de Shakespeare roza la perfección. Las grandes verdades caben en un simple verso. El presente permite conocer el pasado. La tragedia de Casandra fue descubrir demasiado tarde que el don de ver el futuro solo sirve para conocer el horror del presente. La caída de Troya se podía predecir pero no evitar.

No es necesario tener una bola de cristal para conocer los mercados financieros. La mayor sorpresa de la crisis bursátil actual es descubrir que hemos sido bastantes los analistas y profesionales del sector financiero los que hemos descrito con notable precisión cuanto había de acontecer. Desconcierto, digo, por que se conozca y publicite ahora que ya es demasiado tarde el nombre y la obra de todos los autores a los que no se dio la más mínima credibilidad en el momento oportuno. Como Apolo, nuestro mundo mediático escupe en la boca a quienes tratan de prevenir los desastres, al tiempo que disfruta con el espectáculo de freakies desvelando conspiraciones paranoides. Mete en un mismo saco a quienes critican el descontrol y denuncian la corrupción financiera con pelos y señales, y a los terrobajistas que anuncian el apocalipsis de 8 a 3 con gran desazón.

¿Se podía predecir que la subida coordinada de tipos de interés en EEUU y en Europa provocaría el crash subprime, con ese u otro nombre? Sin la menor duda, se predijo. ¿Se pudo evitar? Siempre nos asaltará la duda. La “globalización” es una fuerza desbocada fuera de control. Los grandes apóstoles de la liberalización y desregulación de los mercados ya no las tienen todas consigo, y andan estos días tan asustados como cualquier aprendiz de brujo que no da abasto achicando agua. Han saltado a la vez todos los fusibles que la humanidad ideó a lo largo de los siglos. Y se equivocan muy mucho quienes creen que hay alguien conspirando al mando de esta nave de locos en beneficio propio: es la poderosa fuerza de la estupidez la que rige nuestros destinos en estos momentos. Quizá sea el momento oportuno para volver a descubrir por un tiempo las virtudes del proteccionismo económico, al menos hasta que se establezcan nuevas reglas del juego funcionales que permitan gozar plenamente de la libertad.

Belge
Periodista y comentarista económico
Belge21@hotmail.com