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Sábado, 5 de abril de 2008 |
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Cuidado con los sustitutos del dinero |
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El pánico que estábamos esperando en nuestro último informe finalmente ha devorado los mercados crediticios.
Con la quiebra del fondo Carlyle Group, compra/quiebra de Bear Stearns y la venta forzosa de la división hipotecaria de UBS, el juego de los últimos sesenta años ha llegado a su fin. Los precios de la vivienda americana han caído un 12% desde máximos registrados en julio pasado, la confianza del consumidor ha caído a los niveles más bajos de los últimos 35 años, y los bancos están atesorando liquidez mientras los reguladores se están preparando para una oleada de quiebras. Los mercados de las materias primas, incluyendo metales preciosos, recientemente han experimentado bruscas caídas. Incluso los activos monetarios están perdiendo valor. Con el mercado de bonos hipotecarios actuando al estilo de la bolsa de 1929, el proceso de aumento de garantías obtiene proporciones épicas. Y al igual que en los años 30, la Fed ha sucumbido a la fuerza de los mercados. Finalmente, la prensa económica está admitiendo la severidad de la crisis:
Los depósitos bancarios
Esperamos más quiebras bancarias conforme se deteriore la situación:
Mientras los depósitos bancarios estén asegurados hasta el importe de 100.000 dólares, la FDIC puede tener serias dificultades en pagar a los depositarios. De manera similar, muchos hedge funds han restringido los términos para retirar los fondos “congelando decenas de miles de millones de dólares por un período indefinido”. Según los registros de la FDIC, los depositarios bancarios no tendrán acceso a su dinero cuando llegue el momento de poder comprar barato.
Recordando el mes de mayo En un artículo del año pasado titulado “El 10 de mayo el colapso del crédito”, habíamos descrito el colapso crediticio que sucedió en 1837, que afectó especialmente a Chicago, cuando el crédito fácil indujo la burbuja crediticia. Homer Hoyt en “One Hundred Years of Land Values in Chicago” describe el impacto de aquella crisis crediticia: “En aquellas condiciones pronto se hizo imposible coger una nueva hipoteca o refinanciar la existente… Aún no se habían producido ventas de pánico ni tampoco el valor de las tierras se redujo drásticamente. En 1838 las empresas mejoraron sus resultados temporalmente y los bancos de Illinois, después de haber pasado dificultades durante trece meses, volvieron a emitir préstamos hipotecarios el 13 de agosto de 1838. Este año la oficina de Chicago vendió 17.640 acres (436.992 acres fueron vendidos en 1836), pero muy pocos acres fueron vendidos en el mismo Chicago. Una nueva oleada del colapso crediticio azotó el país en otoño de 1839… Y las propiedades que ya habían perdido parte de su valor no han podido ser recuperadas. La gravedad de la crisis se agudizó cuando el gobierno aconsejó vender…” William B. Ogden, residente en Chicago, revela la magnitud de la crisis en noviembre de 1839 en la carta que se guarda en el archivo de la Sociedad Histórica de Chicago: “No podemos conseguir ni la cuarta parte del valor que se pagaba por los inmuebles comerciales en 1836, y la mitad de los inmuebles de la ciudad compradas en 1836 están a la venta.” ¿Y ahora qué? Y aunque vamos a presenciar bruscos rebotes (¡oh, nos han salvado!) dentro de un mercado bajista, no creemos que Wall Street se vaya a buscar más problemas. Los inversores que mantienen sus activos en las cuentas marginales en las entidades con problemas pronto comprenderán que hubiera sido mejor si no hubieran tenido acceso al crédito fácil, porque ahora van a aprender lo que significan los nuevos palabros como rehipotización y arbitramiento. Si tienen amigos o familiares que tienen sus fondos en esta clase de entidades, avíseles de su precaria posición. |
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Paul J. Lamont - Presidente |
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