Sábado, 27 de febrero de 2010


Los orígenes de la Reserva Federal. Parte VII

Parte I

Parte II

Parte III

Parte IV

Parte V

Parte VI

Durante su viaje a Europa, en verano de 1903, Conant encontró a los europeos poco entusiastas acerca de las compras de la plata mejicana al igual que de subsidiar las exportaciones e inversión americana en China, mercado que también codiciaban. En Estados Unidos, por el contrario, los periódicos más importantes, auspiciados por Conant, alababan el nuevo sistema monetario.

Mientras tanto, sin embargo, USA se enfrentaba a un problema monetario similar en sus dos nuevos protectorados caribeños, Cuba y Panamá. El caso de Panamá era fácil. Estados Unidos ocupó la región del canal, con la intención de importar grandes cantidades de materiales y equipamiento para la construcción del canal, así que decidió imponer el dólar americano de oro como divisa en la teóricamente independiente República de Panamá.

Mientras el dólar de oro era la moneda oficial de Panamá, Estados Unidos introdujo como medio real de intercambio un nuevo peso que valía 50 centavos. Afortunadamente, el nuevo peso tenía casi el mismo valor que la antigua moneda colombiana de plata que fue desplazada a la fuerza por la nueva divisa, así que, al igual que en Puerto Rico, el cambio de moneda no tuvo ningún problema.

El caso de Cuba fue el más complicado de todas las colonias o protectorados americanos. A pesar de todos los esfuerzos de Conant, era imposible reformar el sistema monetario cubano en el que fluctuaban libremente, respondiendo a la oferta y la demanda, monedas españolas de oro y plata, monedas francesas y americanas. Es más, similar a Filipinas antes de la reforma, el tipo fijo de cambio bimetálico entre la barata moneda americana y la española y francesa que eran más caras, hizo que los cubanos devolvieran el dinero barato a las arcas americanas en forma de impuestos y demás pagos establecidos.

¿Por qué Conant fracasó en Cuba? En primer lugar, el fuerte nacionalismo cubano frustró los planes de los americanos para tomar el control de su moneda. El gobierno cubano denegó a Conant, en repetidas ocasiones en 1903, su visita a la isla. Es más, el carismático comandante cubano, Leonard Wood, deseaba evitar dar la impresión a los cubanos de que los planes americanos pretendían reducir a Cuba a un estatus colonial.

La segunda razón fue económica. La poderosa industria azucarera de Cuba dependía de la exportación a Estados Unidos, y el cambio de la devaluada plata hacia una moneda de oro más cara incrementaría el coste del azúcar que según las estimaciones de Leonard Wood sería de un 20%.

El mismo problema existía para las plantaciones de azúcar de Puerto Rico, pero en este caso los intereses económicos de USA en aquel país, y en otros países como Filipinas, favorecieron el traspaso hacia el oro dado que este proceso estimulaba las exportaciones americanas a estas regiones. En Cuba, sin embargo, debido a las fuertes afluencias de inversión americana en las plantaciones de azúcar, existían poderosos e incluso dominantes intereses en el lado opuesto del problema de la reforma monetaria. De hecho, durante la Primera Guerra Mundial, la inversión americana en azúcar cubano alcanzó los 95 millones de dólares.

De este modo, cuando Charles Conant resumió su política para Cuba orientada al patrón oro en 1907, se encontró con una fuerte oposición por parte del gobernador americano de Cuba, Charles Magoon quien alegaba que el patrón oro era perjudicial para la industria azucarera. La CIE nunca logró visitar Cuba e, irónicamente, Charles Conant murió en Cuba, en 1915, intentando en vano convencer a los cubanos de las virtudes del patrón cambio oro (Rosenberg 1985, pp. 186–88).

La reforma mejicana fue más gratificante para Conant, pero en aquel país fue ejecutada por el Ministro de Asuntos Exteriores Limantour y sus ingeniosos técnicos, dejando a la CIE un papel secundario. Sin embargo, el éxito de esta reforma, avalada por el Acta de la Reforma Monetaria Mejicana de 1905, fue asegurado por el aumento del precio de la plata en todo el mundo que comenzó en el año siguiente, y que hizo que las monedas de oro fueran más baratas que las de plata, de este modo la ley de Gresham trajo la divisa de oro a Méjico.

Pero la subida del precio de la plata puso en jaque a la moneda americana en Filipinas. Aquí, el gobierno mejicano se lanzó al rescate de la divisa americana vendiendo grandes cantidades de plata en Filipinas con el fin de bajar el precio de la plata lo suficiente para que los conants volviesen a circular sin problemas.

Pero el gran fracaso del imperialismo monetario de Conant y de la CIE fue China. En 1900, Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos intervinieron en China para sofocar la rebelión de los Boxer. Los tres países, entonces, intentaron obligar a la derrotada China a pagarles a ellos y a todas las grandes potencias europeas una indemnización de 333 millones de dólares.

Estados Unidos interpretó el acuerdo como la obligación de pagar en oro, pero China, que regía por el devaluado patrón plata, empezó a realizar los pagos en plata en 1903, acción que enfureció a los tres grandes países. El embajador americano en China insistió que Gran Bretaña debía declarar la acción de China como violación del acuerdo lo cual requería una intervención militar.

Orgulloso del éxito de Estados Unidos en Filipinas, Panamá y Méjico, el Secretario de Guerra Root envió a Jeremiah W. Jenks en una misión a China a principios de 1904 con el propósito de reformar el sistema monetario chino del patrón plata al patrón cambio oro. Jenks incluso escribió al presidente Roosevelt desde China urgiendo que la indemnización china por la rebelión de los Boxer fuera utilizada para financiar las universidades durante 30 años.

No obstante, la misión de Jenks fue un fracaso total. Los chinos entendieron muy bien la política de la CIE. Vieron y denunciaron el abuso del patrón cambio oro como un irresponsable e inmoral intento de devaluar la moneda china, lo cual haría trasvasar la riqueza de China a los bancos americanos donde se depositarían los fondos de la reserva.

Es más, el gobierno chino comprendía que el pago de la indemnización en oro en vez de en plata enriquecería a los gobiernos europeos a expensas de la economía china. También tenían claro que el sistema que quería implantar la CIE requeriría establecer control extranjero sobre la divisa china con el fin de imponer la regulación bancaria y reformas económicas. No debemos sorprendernos por la indignación de China. La reacción de China fue implantar su propia reforma monetaria en 1905 que reemplazó la moneda mejicana de plata por una nueva moneda china de plata, el tael (Rosenberg 1985, pp. 189–92).

El fracaso ignominioso de Jenks en China puso fin a la CIE. El fiasco bloqueó  el uso por parte del gobierno americano de los consejeros económicos y financieros para la promoción del patrón cambio oro en el extranjero. En 1905, el Departamento del Estado contrató a Jacob Hollander para promover el patrón cambio oro en otro protectorado suramericano, la República Dominicana.

Cuando Hollander finalizó su tarea a finales del año, el Departamento de Estado pidió al gobierno dominicano contratar a Hollander para elaborar un plan para la reforma financiera que incluía el desarrollo del sistema crediticio americano en aquel país y una infraestructura fiscal para recolectar impuestos como pago por los créditos americanos. Hollander, yerno del prominente comerciante Abraham Hutzler, utilizó sus contactos con Kuhn, Loeb y Compañía para colocar los bonos dominicanos en aquel banco de inversión.

Hollander tuvo la gran suerte de cobrar por partida doble por el mismo trabajo, cobrando del Departamento de Estado y del gobierno dominicano. Cuando se descubrió su trampa en 1911, el escándalo hizo imposible para el gobierno americano emplear a su propia gente y sus propios fondos para promover a sus expertos en el extranjero. A partir de entonces se desarrolló una especial colaboración público-privada entre el gobierno americano y los banqueros de inversión en la que los banqueros proveían los fondos y el Departamento de Estado ponía su buena voluntad y algunos recursos más concretos.

De este modo, en 1911-1912, Estados Unidos, a pesar de una fuerte oposición, implantó el patrón cambio oro en Nicaragua. El Departamento de Estado simplemente se mantuvo al margen, pero aprobó la contratación de Charles Conant por parte de un poderoso banco de inversión de Brown Brothers para acometer una reforma crediticia y monetaria. El Departamento de Estado no solamente aportó su aprobación al proyecto, sino también sus contactos para que Conant y Brown Brothers pudiesen realizar negociaciones con el gobierno nicaragüense.

Al llegar el año de su muerte en Cuba, 1915, Conant se convirtió en el teórico más importante y en el práctico del movimiento económico imperialista. Aparte de su éxito en Filipinas, Panamá y Méjico y su fracaso en Cuba y en China, Conant implantó reformas en Liberia, Bolivia, Guatemala y Honduras. Su magnum opus a favor el patrón cambio oro, los dos volúmenes de Principios del Dinero y el Negocio Bancario (1905), al igual que su abrumador éxito en Filipinas, fue seguido de miríadas de libros, artículos, panfletos y editoriales, auspiciados en gran parte por él mismo.

Particularmente interesantes eran los argumentos de Conant a favor del patrón cambio oro más que a favor del real patrón oro. Conant opinaba que el estricto patrón oro no proveía suficiente cantidad de oro para satisfacer las necesidades del mundo.

De este modo, atajando los patrones existentes de plata en los países subdesarrollados y cambiándolos al oro, el “stock” de oro podía aumentar, y así los países subdesarrollados tenían la posibilidad de integrarse en las economías dominantes. Todo esto podía realizarse si el patrón cambio oro era “diseñado e implementado mediante unas cuidadosas políticas gubernamentales” y, por supuesto, Conant mismo y sus amigos y discípulos siempre estaban dispuestos a aconsejar y ayudar en la implementación de estas reformas (Rosenberg 1985, p. 197).

Adicionalmente, la adopción del patrón cambio oro controlado por el gobierno era superior incluso al oro genuino o bimetalismo dado que permitía flexibilidad a cada estado a la hora de gestionar sus necesidades monetarias. Como aseveraba Conant:

“Esto deja a cada estado una libre elección de los medios de intercambio que convengan mejor a sus condiciones locales. Las naciones ricas son libres de elegir el oro, las naciones menor ricas eligen la plata, y aquellos cuya situación financiera es muy avanzada son libres para elegir el papel.”

Es interesante que para Conant, el papel era la forma más avanzada de dinero. Está claro que la devoción de Conant y de sus colegas por el patrón oro era la devoción hacia un patrón devaluado e inflacionista controlado y manipulado por el gobierno americano, sirviendo el oro tan solo de fachada para un tan cacareado dinero fuerte.

Una de las formas más importantes de la manipulación y el control gubernamental en el sistema propuesto por Conant fue la existencia de un banco central. Como fundador de la “ciencia” económica al servicio de los gobiernos, Conant, seguido por sus colegas y discípulos, no solamente promovió el patrón cambio oro ahí donde pudiera, sino también abogó por establecer un banco central que gestionaría y controlaría aquel patrón. Como apunta Emily Rosenberg:

“Conant, por tanto, no rechazó… uno de los cambios más revolucionarios implícitos en su sistema: un nuevo e importante papel para un banco central, como estabilizador de la moneda. Conant fuertemente apoyó la reforma bancaria americana que culminó en el Sistema de la Reserva Federal… y los consejeros financieros americanos que siguieron a Conant ampliaron la idea del sistema bancario central a la vez que las reformas monetarias a los demás países” (Rosenberg 1985, p. 198).

Conforme se introducía el patrón cambio oro estrictamente controlado, reemplazando el libre comercio imposible de controlar, el mundo de la moneda imperial vio con agrado “la necesidad de los países menos desarrollados de depositar los fondos de estabilización en el sistema bancario de los países avanzados” (idem). Los bancos de Nueva York y de Londres, en particular, se perfilaron como los mejores depositadores de fondos dentro del nuevo orden mundial.

No fue una casualidad que el mayor rival financiero e imperial de Estados Unidos, Gran Bretaña, que fue pionero en la imposición del patrón cambio oro en sus propias colonias en aquella época, sirviéndose de su propia experiencia, marcó el camino a todas las divisas europeas y se colocó en la cima de la pirámide durante los años 20. Este desastroso experimento inflacionario llevó directamente al crash mundial bancario y a la adopción masiva del papel dinero a principios de los años 30. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos cogió el testigo del patrón cambio oro en Bretton Woods, reemplazando el dólar a la libra esterlina dentro del sistema inflacionario mundial que duró aproximadamente 25 años.

¿Alquien podía pensar que Charles A. Conant era el científico desinteresado que pretendía ser? Sus reformas monetarias beneficiaban directamente a los banqueros de inversión. Así, Conant fue el tesorero, desde 1902 hasta 1906, de Morton Trust Company de Nueva York encabezada por Morgan, y seguramente no era ninguna coincidencia que el Morton Trust fuese el banco en el que se depositaron las reservas de los gobiernos de Filipinas, Panamá y República Dominicana, después de sus respectivas reformas. Durante las negociaciones con Nicaragua, Conant obró de parte del banco de inversión de Brown Brothers, y presionando a otros países trabajaba para Speyer y Compañía y otros banqueros de inversión.

Después de que Conant falleciera en 1915, poco trabajo quedaba para los consejeros financieros internacionales. Hollander cayó en desgracia por su fracaso dominicano. Jenks ya era viejo y estaba marcado por su desastre chino, pero el Departamento de Estado sí nombró a Jenks para dirigir el Banco Nacional de Nicaragua en 1917 y también lo contrató para estudiar la situación de este país en 1925.

Pero el sucesor real de Conant fue Edwin W. Kemmerer, el “doctor dinero”. Después de su experiencia filipina, Kemmerer se juntó con su antiguo profesor Jenks en Cornell, luego, en 1912, se fue a Princeton y publicó su libro Reformas Monetarias Modernas en 1916. Como importante consejero financiero internacional en los años 20, Kemmerer no solamente implantó bancos centrales y patrón cambio oro en el tercer mundo, sino que subió fuertemente los impuestos en aquellos países.

Kemmerer, también, compaginó sus labores públicas con el servicio prestado a los banqueros más importantes. Durante los años 20, Kemmerer trabajó como experto bancario para la Comisión de Dawes del gobierno americano, encabezando una misión especial financiera dirigida hacia una docena de países, y estuvo en la nómina, nada desdeñable, de la distinguida firma bancaria de Dillon y Read desde 1922 hasta 1929. En aquella época, Kemmerer y su mentor Jenks eran simples expertos financieros internacionales. A finales de los años 20, Kemmerer ayudó a fundar la facultad de económicas internacionales en Princeton, convirtiéndose en su decano, donde pudo formar a estudiantes como Arthur N. Young y William W. Cumberland. A mediados de los años 20, el doctor dinero ejercía de presidente de la Asociación Económica Americana.

Murray N. Rothbard

Ludwig von Mises Institute