Sábado, 28 de noviembre de 2009


Los orígenes de la Reserva Federal. Parte II

Parte I

La persona más poderosa en el ámbito de Morgan fue el secretario del comité ejecutivo de la Convención Monetaria de Indianápolis, George Foster Peabody. Toda la familia de Peabody, los Brahmanes de Boston, habían estado, personalmente y financieramente, ligados a los Morgan. Un miembro del clan Peabody incluso fue el padrino en la boda de J. P. Morgan en 1865.

Hace mucho tiempo George Peabody fundó una institución bancaria internacional cuyo socio era el padre de J. P. Morgan, Junius. George Foster Peabody era un emitente banquero de inversión de Nueva York con extensas posesiones en Méjico. Ayudó a los Morgan a reorganizar General Electric, y posteriormente le ofrecieron el puesto de secretario del tesoro durante la administración de Wilson. A lo largo del mandato de aquella administración ejercería como un “ministro sin cartera” (Burch, pp. 231, 233; Ware 1951, pp. 161–67).

Las masas siguen pensando que la Convención Monetaria de Indianápolis fue un movimiento espontáneo promovido por los pequeños empresarios del medio oeste. Para los cognoscenti, cualquier organización donde figuran Henry Payne, Alexander Orr y, especialmente, George Foster Peabody significa solo una cosa: J. P. Morgan.

La Convención Monetaria de Indianápolis urgió al Presidente McKinley a continuar con el patrón oro y crear un nuevo sistema del crédito bancario “elástico”. Con este fin, la convención instó al presidente para que nombrara una nueva Comisión Monetaria para preparar una base legislativa para un nuevo y revisado sistema monetario. McKinley estuvo a favor de esta propuesta, lo que demostraba que Rockefeller también estaba de acuerdo, y el 24 de julio mandó un mensaje al Congreso insistiendo en la creación de una comisión monetaria especial. El decreto para la creación de la comisión monetaria nacional pasó por la Cámara de Representantes pero murió en el Senado (Kolko 1983, pp. 147–48).

El comité ejecutivo, decepcionado por el intento fallido del presidente pero sin perder la esperanza, en agosto de 1897 decidió nombrar la comisión por su cuenta. El papel principal en el proceso del nombramiento lo jugó George Foster Peabody quien ejerció de eslabón entre los miembros de Indianápolis y la comunidad financiera de Nueva York. Para elegir a los miembros de la comisión, Peabody convocó al comité ejecutivo en la residencia de verano, Saratoga Springs, que pertenecía a su socio de la banca Spencer Trask. En septiembre, el comité ejecutivo ya tenía elegidos a los miembros de la Comisión Monetaria de Indianápolis.

Los miembros de la nueva Comisión Monetaria eran los siguientes (Livingston 1986, pp. 106–07):

El presidente era el ex senador George F. Edmunds, Republicano de Vermont, y ex director de diferentes ferrocarriles.

C. Stuart Patterson fue decano de la Universidad de Pennsylvania y primer ejecutivo del ferrocarril de Pennsylvania controlado por los Morgan.

Charles S. Fairchild, un importante banquero de Nueva York, presidente de New York Security and Trust Company, fue ex socio de la banca de inversión de los Bramanes de Boston de Lee, Higginson and Company, también ejecutivo y director de los dos mayores ferrocarriles. Fairchild, un destacado político del estado de Nueva York, había sido secretario del tesoro durante la primera administración de Cleveland. Adicionalmente, el padre de Fairchild, Sidney T. Fairchild había sido testaferro del Ferrocarril Central de Nueva York controlado por Morgan.

Stuyvesant Fish, descendiente de dos antiguas familias aristocráticas de Nueva York, fue socio del banco de inversión Morton, Bliss and Company controlado por Morgan, después fue presidente del Ferrocarril Central de Illinois y socio de Mutual Life. El padre de Fish había sido senador, gobernador y secretario de estado.

Louis A. Garnett era un prominente empresario de San Francisco.

Thomas G. Bush de Alabama era director del Ferrocarril de Mobile y Birmingham.

J.W. Fries era un importante productor de algodón de Carolina del Norte.

William B. Dean, comerciante de St. Paul, Minnesota, y director del transcontinental Gran Ferrocarril del Norte, cuyo propietario era James J. Hill, aliado de Morgan en la lucha titánica por el Ferrocarril del Pacífico Norte con Harriman, Rockefeller y Kuhn, Loeb.

George Leighton de St. Louis era abogado del Ferrocarril Missouri Pacífico.

Robert S. Taylor era abogado con licencia en Indiana de General Electric controlada por Morgan.

El miembro más importante de la comisión era James Laurence Laughlin, profesor de política económica en la nueva Universidad de Chicago, fundada por Rockefeller, y editor de su prestigiosa revista Journal of Political Economy. Era Laughlin quien supervisaba las operaciones de la Comisión y la preparación de los informes. De hecho, los dos asistentes que escribían estos informes eran estudiantes de Laughlin: su antiguo alumno L. Carroll Root, y su estudiante de último curso Henry Parker Willis.

Los bancos nacionales y la comunidad financiera donaron la impresionante suma de 50.000 dólares para financiar el trabajo de la Comisión Monetaria de Indianápolis. Los banqueros de Morgan, Peabody y Orr, recabaron grandes sumas de dinero en Nueva York. Otras grandes contribuciones provinieron del magnate minero William E. Dodge, comerciante de algodón y café Henry Hentz, director del Mechanics National Bank y del propio J. P. Morgan.

Habiendo recibido el dinero, el comité ejecutivo alquiló una oficina en Washington DC a mediados de septiembre y puso manos a la obra elaborando un detallado cuestionario sobre la política monetaria que luego se envió a varios cientos de expertos. Desde finales de septiembre hasta diciembre de 1897, la Comisión Monetaria se dedicó a estudiar las respuestas al cuestionario recopiladas por Root y Willis. El propósito de este cuestionario fue movilizar un amplio soporte a las recomendaciones de la Comisión que ahora podían argumentar basándose en las opiniones de los expertos.

Segundo, el cuestionario sirvió como una poderosa herramienta de relaciones públicas, haciendo que la Comisión obtuviese una gran repercusión en la comunidad de negocios de todo el país y entre los miembros del Congreso. Por tanto, a través de esta herramienta, la Comisión podría ser considerada como si hablase a la comunidad empresarial del país.

Para este fin, la idea original fue publicar, a mediados de diciembre, el informe preliminar de la Comisión Monetaria asimismo como las respuestas al cuestionario en un volumen adicional. Finalmente, las respuestas no formaron parte del informe, aunque más tarde fueron publicadas dentro de una serie de artículos sobre la política económica y legislación pública editada por la Universidad de Pennsylvania (Livingston 1986, pp. 107–08).

Aunque con cierto retraso, el comité ejecutivo desarrolló nuevos métodos para moldear la opinión pública utilizando las respuestas al cuestionario como una herramienta organizativa. En noviembre, Hugh Hanna contrató al periodista financiero Charles A. Conant como su asistente en Washington, cuya tarea era la propaganda y la organización de la opinión pública para las recomendaciones de la Comisión.

La campaña preparativa para el futuro informe de la Comisión fue lanzada cuando Conant publicó un artículo el 1 de diciembre en la revista Sound Currency (Dinero Fuerte), haciendo hincapié en el informe de la Comisión, y esgrimiendo conclusiones no solo basándose en su propio conocimiento de la historia monetaria y bancaria, sino también en las aseveraciones de las respuestas, aún no publicadas, al cuestionario.

Durante los próximos meses, Conant trabajó estrechamente con Jules Guthridge, el secretario general de la Comisión; lo que hicieron primero fue inducir a los periódicos del país a publicar editoriales sobre las respuestas al cuestionario. Según Guthridge escribió a algunos de los miembros de la Comisión, estaba simulando “la curiosidad del público” acerca del informe que estaba a punto de ser publicado, afirmando que gracias a la “delicada manipulación” era capaz de conseguir que el informe preliminar fuese publicado entero o en parte -en principio, solo parte- en aproximadamente 7.500 periódicos, grandes y pequeños”.

Mientras tanto, Guthridge y Conant orquestaron cartas de apoyo de los hombres más prominentes del país. Cuando, el 3 de enero de 1898, el informe preliminar fue publicado, Guthridge y Conant entregaron estas cartas a los periódicos. Rápidamente, los dos confeccionaron un sistema de distribución de tan ansiado informe, organizando a casi 100.000 corresponsales “dedicados a la promulgación del plan de la Comisión para la reforma monetaria y bancaria” (Livingston 1986, pp. 109–10).

El propósito primordial e inmediato según el informe preliminar de la Comisión Monetaria fue cumplir la promesa electoral de McKinley de promulgar y garantizar lo que en realidad ya estaba funcionando: el patrón oro único, con la plata reducida hasta el estatus de una moneda secundaria y no oficial. La victoria sobre el Bryanismo y sobre la plata, sin embargo, era una cortina de humo; el propósito más importante era preparar a la opinión pública para acometer reformas bancarias que permitiesen una mayor elasticidad del crédito.

El crédito bancario podría aumentar en tiempos de recesión y en cualquier período estacional cuando los bancos de los estados agrícolas necesitaban disponer de fondos presionando a los grandes bancos centrales a aceptar sus préstamos. Las medidas actuales propuestas por la Comisión fueron de importancia marginal. La cuestión primordial era preparar el ambiente para la reforma bancaria.

Dado que el público se sintió inquieto por el informe preliminar, el comité ejecutivo decidió organizar la segunda y última reunión de la Convención Monetaria de Indianápolis, que tuvo lugar en Indianápolis el 25 de enero de 1898. La segunda convención fue mucho más grande que la primera, albergando a 496 delegados de 31 estados.

Después, las reuniones se celebraron entre los líderes de la América corporativa. Mientras que el estado de Indiana, naturalmente, tenía la mayor delegación con 85 representantes de consejos de las cámaras de comercio, Nueva York envió 74, la mayoría de los cuales eran representantes del Consejo de Comercio y Transporte, Asociación de Comerciantes y Cámaras de Comercio.

Estuvieron presentes líderes corporativos como el fabricante de acero de Cleveland, Alfred A. Pope, presidente de National Malleable Castings Company; asimismo como Virgil P. Cline, consejero de Standard Oil Company de Ohio de Rockefeller; y C. A. Pillsbury, de St. Paul, Minneapolis, directivo de la productora de harina más grande del mundo. Desde Chicago acudieron figuras tan importantes como Marshall Field y Albert A. Sprague, director de la Compañía Telefónica de Chicago, filial del monopolio telefónico controlado por Morgan, Compañía Americana de Telefonía y Telégrafo.

No podemos pasar por alto a Franklin MacVeagh, propietario de tiendas de alimentación de Chicago, tío de un socio senior del bufete de abogados de Wall Street de Bangs, Stetson, Tracy, y MacVeagh, consejero de J. P.Morgan y Compañía. MacVeagh, quien luego pasó a ser el secretario del tesoro durante la administración de Taft, pertenecía al ámbito de los Morgan. Su suegro, Henry F. Eames, fue fundador del Banco Nacional de Chicago, y su hermano Wayne pronto se convertiría en el testaferro de Mutual Life Insurance Company, controlada por Morgan.

El propósito de la segunda convención, como amablemente explicó el ex Secretario del Tesoro Charles S. Fairchild en su introducción a los invitados, fue movilizar a los líderes empresariales para apoyar un poderoso e influyente movimiento reformista. Como dijo, “si los hombres de negocio prestan una seria atención y estudian estos temas, estarán de acuerdo en que una nueva legislación es necesaria, y por tanto, estando todos de acuerdo, su influencia prevalecerá”. Concluyó que “mi consejo para vosotros es: uníos”.

El presidente de la convención, el gobernador de Iowa, sin embargo, fue un poco más desafortunado dirigiéndose al público, “lo que representáis hoy no son los bancos, dado que hay muy pocos banqueros entre vosotros. Representáis a industrias y a los intereses financieros del país”. Sin embargo, la mayoría de los presentes eran banqueros (Livingston 1986, pp. 113–15).

El propio Shaw, que más tarde fue nombrado secretario del tesoro por Teodoro Roosevelt, fue banquero de una pequeña ciudad de Iowa, y presidente del Banco de Denison durante su mandato de gobernador. Lo más importante de la opinión y de la carrera de Shaw fue el hecho de que fue amigo y consejero legal de la Des Moines Regency, la maquinaria republicana liderada por el poderoso Senador William Boyd Allison.

Allison, quién estaba a punto de obtener un puesto en el Tesoro para su amigo, a su vez estaba ligado a Charles E. Perkins, un estrecho colaborador de Morgan, presidente del Ferrocarril de Chicago, Burlington y Quincy, hombre de confianza del poderoso grupo financiero Forbes de Boston, defensor de los intereses de los Morgan (Rothbard 1984, pp. 95–96).

Un selecto grupo de economistas también fueron delegados de la segunda convención, cada uno de los cuales, sin embargo, no fueron representantes de los observadores académicos sino de la comunidad empresarial. El profesor Jeremiah W. Jenks de Cornell, que en su día propuso la política de cartelización y, por tanto, pronto se convirtió en amigo y consejero de Teodoro Roosevelt obteniendo el puesto de gobernador, estuvo presente como delegado de la Asociación de los Empresarios de Ithaca.

Frank W. Taussig de la Universidad de Harvard representó la Asociación de  Comerciantes de Cambridge. Arthur Twining Hadley de Yale, que pronto se convertiría en el rector de Yale, representó a la Cámara de Comercio de New Haven, y Frank M. Taylor de la Universidad de Michigan estuvo como representante de la Asociación de Empresarios de Ann Arbor.

Cada uno de estos hombres ostentaba un gran poder dentro de la profesión de economista, Jenks, Taussig y Taylor eran miembros del comité monetario de la Asociación Económica Americana. Hadley, un prominente economista especializado en ferrocarriles, también era miembro del comité de directores de los Ferrocarriles de Morgan de Nueva York, New Haven y Hartfort, y también de los de Atchison, Topeka y Santa Fe.

Tanto Taussig como Taylor eran monetaristas y, mientras defendían el patrón oro, urgían reformas que hicieran la oferta monetaria más elástica. Taussig abogó por la expansión de los billetes bancarios cuya masa debería crecer en respuestas a las “necesidades empresariales”. Como dijo Taussig (citado en Dorfman 1949, p. xxxvii; Parrini and Sklar 1983, p. 269) la oferta monetaria debería “crecer sin trabas respondiendo a las necesidades espontáneas de la comunidad”.

Taylor también, como describió un historiador, quería que el patrón oro fuera modificado por “un conciso control del movimiento del dinero” por parte del gobierno “con el fin de mantener la estabilidad del sistema crediticio”. Taylor justificó la suspensión de pagos en especie por el gobierno como medida de “protección de las reservas de oro” (Dorfman 1949, pp. 392–93).

El 26 de enero, los delegados de la convención aprobaron el informe preliminar con mayoría aplastante, después el Profesor J. Laurence Laughlin fue el encargado de redactar el informe final más elaborado que fue publicado y distribuido algunos meses más tarde. El reporte final de Laughlin, y de la convención, no solamente era a favor de un gran incremento de la masa de papel dinero, sino también a favor del hecho de que tenía que ser explícitamente un banco central el que tuviera el monopolio de emitir el dinero.

Mientras tanto, los delegados de la convención se dedicaron a esparcir “la biblia” de la reforma bancaria a lo largo y ancho de la comunidad corporativa y financiera del país. Por ejemplo, en abril de 1898, A. Barton Hepburn, presidente de Chase National Bank de Nueva York (en aquella época el banco más importante para los intereses de los Morgan) y el hombre que desempeñaría un papel muy importante en la creación de un banco central, invitó al miembro de la Comisión Monetaria Robert S. Taylor a dar un discurso a la Asociación de Banqueros del Estado de Nueva York acerca de cuestiones monetarias, dado que “los banqueros, como el resto de las personas, necesitan instruirse sobre este tema”. Todos los miembros de la Comisión Monetaria, especialmente Taylor, trabajaron muy activamente en la primera mitad de 1898 instruyendo a los empresarios de todo el país sobre la reforma monetaria.

Mientras tanto, en Washington, el grupo de presión de Hanna y Conant estaba extremadamente activo. En enero, el congresista del estado de Indiana, Jesse Overstreet, elaboró un decreto con las sugerencias de la Comisión Monetaria y fue aprobado por el Comité Interior de Banca y Divisas en mayo. Durante este período Conant se estaba entrevistando continuamente con los miembros del comité bancario. En cada etapa de este proceso legislativo, Hanna envió circulares a los delegados de la convención, urgiendo una campaña de apoyo público al decreto.

En medio de todo este ajetreo, el Secretario del Tesoro de McKinley, Lyman J. Gage, trabajó estrechamente con Hanna y con su equipo. Gage ya había apoyado semejantes decretos, y varios decretos de parecida naturaleza fueron introducidos en las Cámaras en 1898 y 1899. Gage, amigo de varios miembros de la comisión monetaria, fue uno de los líderes más importantes afines a los intereses de Rockefeller en el campo de la banca. Su nombramiento como secretario del tesoro fue gracias a Mark Hanna, consejero y respaldo financiero del Presidente McKinley, un antiguo amigo, compañero de clase y socio de John D. Rockefeller, Sr.

Antes de su nombramiento, Gage fue presidente del poderoso Primer Banco Nacional de Chicago, uno de los mayores bancos comerciales del ámbito de Rockefeller. Durante su mandato, Gage intentó convertir al Tesoro en un banco central, inyectando dinero durante las recesiones mediante la compra de bonos del gobierno en el mercado abierto y depositando grandes fondos en bancos comerciales. En 1900, Gage hizo un llamamiento para establecer bancos centrales regionales.

Finalmente, en su último informe anual como secretario del tesoro en 1901, Lyman Gage hizo saltar la liebre, instando la creación de un banco central gubernamental. Sin tal banco central, declaró, “los bancos individuales estarían aislados, serían unos eslabones separados, sin que nada los uniera”. Hasta que un banco central no estableciera esta unión, advirtió Gage, el Pánico de 1893 se repetiría una y otra vez (Livingston 1986, p. 153). Al abandonar su puesto el año siguiente, Lyman Gage ocupó la presidencia de US Trust Company de Nueva York, controlada por Rockefeller (Rothbard 1984, pp. 94–95).

Murray N. Rothbard

Ludwig von Mises Institute